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En su Hijo
Jesús Buen Pastor el Padre ha abierto en la Iglesia, a
través del Beato Santiago Alberione, un nuevo camino de
santidad. La santidad de Dios, que no es otra cosa que
su bondad y su belleza, se hizo visible en Cristo Buen
Pastor:
kalōs, el Pastor Bello. |
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Buen
Pastor,
Mausoleo de
Galla
Placidia,
Ravenna |
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Para todo
cristiano, el camino de santidad inicia con el Bautismo.
Todos estamos llamados a vivir en santidad la fe, la
esperanza y la caridad.
Para nosotras,
Pastorcitas, no es sólo una vocación a la santidad
personal, sino que también estamos llamadas a
cuidar de la santidad del pueblo de Dios en el
ministerio de cura pastoral. La nuestra es una vocación
a ser madres y hermanas en el Espíritu al servicio de la
santidad de la Iglesia mediante la configuración a
Cristo Pastor, para despertar en la humanidad de hoy el
gusto de Dios.
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"Damos
inicio al
año de
nuestro 70°
aniversario,
que de
manera
providencial
se entrelaza
con el año
paulino
proclamado
por el Santo
Padre
Benedicto
XVI.
Deseamos que
este año sea
particularmente
dedicado a
la
"santidad de
la
Pastorcita
en el
ministerio
de cura
pastoral",
que tiene en
san Pablo
uno de los
dos
modelos de
santidad
pastoral que
nos ha
dejado el
Beato
Santiago
Alberione."
Hna. Marta
Finotelli,
superiora
general |
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Supliquemos en la
oración el don de la
santidad pastoral:
italiano
english
português
español
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Dejémonos interpelar por
algunos testigos
de santidad vivida en el
ministerio de cura
pastoral.
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Los Padres de la
Iglesia |
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San Ignacio de
Antioquía, Obispo y
mártir
Martirizado
alrededor del año
107, se recuerda el
17 de octubre. |
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Entre los modelos de
santidad pastoral,
recordamos a San
Ignacio de Antioquia,
extraordinario
obispo y mártir,
discípulo de Juan
evangelista. Su
testimonio de
santidad y de pasión
por la comunión
eclesial puede
ayudarnos a vivir
nuestra misión y
progresar en el
camino de santidad.
Etimología del
nombre:
Ignacio = de
fuego, del latín:
igneus = ígneo.
Símbolo: el bastón
pastoral, la palma
del martirio.
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Fue el tercer obispo
de Antioquía, en
Siria, tercera
metrópoli del mundo
antiguo después de
Roma y Alejandría de
Egipto, y de la cual
san Pedro fue el
primer obispo. No
era ciudadano
romano, y se cree
que no fue cristiano
de nacimiento, sino
que se convirtió
tardíamente.
Mientras era obispo
de Antioquía, el
Emperador romano
Trajano dio inicio a
su persecución.
Arrestado y
condenado, Ignacio
fue conducido,
encadenado, de
Antioquía a Roma,
donde se preparaban
las fiestas en honor
del Emperador, y los
cristianos debían
servir de
espectáculo, en el
circo, destrozados
por las fieras.
Durante el viaje de
Antioquía a Roma,
Ignacio escribió
siete cartas, en las
cuales exhortaba a
los cristianos a
alejarse del pecado,
a cuidarse de los
errores, a mantener
la unidad de la
Iglesia. Otra cosa
pedía, sobre todo a
los cristianos de
Roma: de non
intervenir en su
favor y de no
salvarlo del
martirio. En el año
107 fue desmembrado
por las fieras,
hacia las cuales
demostró gran
ternura. «Acarícienlas
- escribía – a fin
de que sean mi tumba,
y no dejen nada de
mi cuerpo, para que
mi funeral no sea
costoso para nadie».
En el Martirologio
Romano leemos:
Memoria de san
Ignacio, obispo y
mártir, discípulo de
san Juan Apóstol,
que guió, después de
san Pedro, la
Iglesia de Antioquia.
Condenado a las
fieras bajo el
Emperador Trajano,
fue llevado a Roma
donde fue coronado
de un glorioso
martirio; durante el
viaje, mientras
experimentaba la
ferocidad de los
guardias, semejante
a la de los
leopardos, escribió
siete cartas a
diversas Iglesias,
en las cuales
exhortaba a los
hermanos a servir a
Dios en comunión con
los obispos, y a no
impedir que fuese
inmolado como
víctima por Cristo. |
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Así
escribió
a los
cristianos
di Éfeso:
“No os
hablo
con
autoridad,
como si
fuera
alguien.
Pues,
aunque
estoy
encarcelado
por el
nombre
de
Cristo,
todavía
no he
llegado
a la
perfección
en
Jesucristo.
Ahora,
precisamente,
es
cuando
empiezo
a ser
discípulo
suyo y
os hablo
como a
mis
condiscípulos.
Porque
lo que
necesito
más bien
es ser
fortalecido
por
vuestra
fe, por
vuestras
exhortaciones,
vuestra
paciencia,
vuestra
ecuanimidad.
Pero,
como el
amor que
os tengo
me
obliga a
hablaros
también
acerca
de
vosotros,
por esto
me
adelanto
a
exhortaros
a que
viváis
unidos
en el
sentir
de
Dios.”
Carta a
los
Efesios,
2,2-5,2
Y a los
cristianos
de Roma,
que
estaba
por
encontrar:
“Mi amor
está
crucificado
y ya no
queda en
mí el
fuego de
los
deseos
terrenos;
únicamente
siento
en mi
interior
la voz
de una
agua
viva que
me habla
y me
dice:
«Ven al
Padre».
No
encuentro
ya
deleite
en el
alimento
material
ni en
los
placeres
de este
mundo.
Lo que
deseo es
el pan
de Dios,
que es
la carne
de
Jesucristo,
de la
descendencia
de
David, y
la
bebida
de su
sangre,
que es
la
caridad
incorruptible.
Dejad
que sea
pasto de
las
fieras,
ya que
ello me
hará
posible
alcanzar
a Dios.
Soy
trigo de
Dios, y
he de
ser
molido
por los
dientes
de las
fieras,
para
llegar a
ser pan
limpio
de
Cristo.
Rogad
por mí a
Cristo,
para
que, por
medio de
esos
instrumentos,
llegue a
ser una
víctima
para
Dios.
De nada
me
servirían
los
placeres
terrenales
ni los
reinos
de este
mundo.
Prefiero
morir en
Cristo
Jesús
que
reinar
en los
confines
de la
tierra.
Todo mi
deseo y
mi
voluntad
están
puestos
en aquel
que por
nosotros
murió y
resucitó.
Se
acerca
ya el
momento
de mi
nacimiento
a la
vida
nueva.”
Carta a
los
Romanos,
4, 1-2;
6, 1 -
8, 3
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Testigos de santidad
pastoral |
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Hna. Rosaria Nazzari:
un
corazón de verdadera
Pastorcita |
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Valentina,
éste era
su
nombre
de
Bautismo,
fue una
de las
primeras
vocaciones
de las
Pastorcitas;
en
efecto,
entró en
la
comunidad
de Roma,
en vía
Antonino
Pío, el
7 de
agosto
de 1937,
en los
tiempos
heroicos
de los
inicios.
Desarrolló
su
primer
apostolado
antes de
la
profesión
religiosa,
en la
comunidad
parroquial
de Massa
Martana
(Perugia),
donde
con su
ejemplo
fue
“casi”
la
vocacionista
de la
jovencísima
Angela
Orsini,
que
entró
entre
las
Pastorcitas,
y con la
profesión
religiosa
se llamó
Hna.
Celina.
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El 21 de
septiembre
de 1943
Valentina
emitió
la
profesión
religiosa
tomando
el
nombre
de
Hna.
Maria
Rosaria.
Junto a
nuestras
primeras
Hermanas,
sufrió
las
graves
desazones
de la
segunda
guerra
mundial,
y
después
de
permanecer
por
algún
tempo en
Capoliveri,
debió
trasladarse
a Puos
d’Alpago,
junto a
los que
eran
dispersos
a causa
de la
guerra.
Al fin
del
conflicto,
en 1945,
la
encontramos
en la
comunidad
de
Marciana
Alta,
donde se
dedica a
la
juventud
femenina. |
En 1946
el
Fundador
la
eligió
para dar
inicio a
nuestra
Congregación
en
Brasil,
adonde
viajó
acompañada
por la
Hna.
Nives
Negri.
Ésta,
después
de pocos
meses,
regresó
a
Italia,
mientras
que la
Hna. M.
Rosaria
permaneció
en
Brasil,
esperando
la
llegada
de otras
Hermanas
de
Italia.
Jesús
Buen
Pastor
bendijo
su
generosa
disponibilidad,
e hizo
fecundos
sus
sacrificios
-ofrecidos
con amor
y
humildad-
con
muchas
vocaciones
brasileñas. |
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Su salud era frágil,
y la fatiga de la
adaptación al nuevo
ambiente ciertamente
no le ayudó. Sin
embargo,
espiritualmente era
muy fuerte, y su fe
era sólida. Con su
destacado sentido
práctico se ocupó en
establecer la
presencia de las
Pastorcitas en la
gran metrópoli
brasileña, San
Pablo, en una
localidad llamada
Villa Mariana. En
una sala a nivel
semi-enterrado,
junto a las Hermanas
que llegaron de
Italia, dio inicio a
un pequeño Jardín de
Infantes. El Padre
celestial
ciertamente ha
registrado en la
memoria de su Amor
la fatiga, los
sufrimientos, el
entusiasmo y los
progresos de esta
fundación.
Después de dos años,
exactamente durante
la fiesta de la
Asunción de María de
1949, la Hna. M.
Rosaria advirtió los
primeros signos
preocupantes de una
grave enfermedad: la
leucemia, que como
fuego, en el arco de
apenas 15 meses, la
consumió para el
Señor y la hizo
fecunda para el
futuro de nuestra
Congregación en
Brasil. Tenía 37
años de edad.
En la memoria sobre
la enfermedad y la
muerte de la Hna. M.
Rosaria, escrita por
nuestras Hermanas
brasileñas, leemos: |
|
“En este
período
su
enfermedad
tuvo
cuatro
crisis:
la
primera
fue
causada
por la
pleuritis
y la
leucemia
crónica,
que el
médico
tratante
confirmó
como
causa de
su
próxima
partida.
Recibió
la
Extremaunción;
sin
embargo,
los
designios
de Dios
eran
otros.
Después
de la
terapia
de
rayos,
tuvo una
breve y
leve
mejoría.
En la
semana
en la
cual
recibió
la
Extremaunción,
contó
que
había
sentido
una voz
al oído:
«¡Un
hermoso
día!».
Todas
las
fiestas
más
hermosas
eran de
temor
para
nosotras,
mientras
que para
ella
eran de
expectativa
alegre
del
Señor.
Los días
pasaban
entre
los
cuidados
afectuosos
sugeridos
por la
caridad,
y el
deseo de
ver una
mejoría
estable.
Después
de un
breve
período,
se
desarrolló
una
erupción
en la
piel,
causándole
un ardor
tan
intenso
que ella
decía
que se
encontraba
en el
purgatorio.
Se
pensaba
que
fuese
arribado
el
“hermoso
día”, en
cambio
Jesús le
preparaba
otros
sufrimientos.
Le fue
suministrada
penicilina,
sin
embargo
el mal
siguió
su curso
haciéndole
padecer
mucho
dolor.
Tuvo una
segunda
mejoría
solamente
a fines
de mayo.
Hacia la
primera
mitad de
agosto
comenzaron
de nuevo
los
dolores,
con
fuertes
ataques
al
hígado y
al bazo.
Eran los
efectos
de la
leucemia. |
Por
segunda
vez se
sometió
a
radiaciones,
que le
proporcionaron
una
mejoría
de tres
meses.
En
efecto,
retomó
la
dirección
de la
casa,
aunque
con gran
fatiga
porque
tenía
siempre
un poco
de
fiebre.
Nos
parecía
que la
Virgen
hubiese
hecho el
milagro.
La
queridísima
Madre
Rosaria
se
alzaba
por la
mañana
para la
Misa;
bajaba
las
escaleras
aún dos
veces al
día;
asistía
a casi
todos
los
momentos
de
recreación,
de las
que era
el alma.
Lamentablemente,
también
esta vez
la
mejoría
fue
breve.
En los
primeros
días de
diciembre
comenzó
de nuevo
con
temperatura
alta y
con
resfríos.
Seguidamente,
una
broncopulmonía
y la
inflamación
del
hígado y
del
bazo,
que le
hacían
cada vez
más
dificultosa
la
respiración.
En esta
última
crisis
nos
pedía
que no
la
dejáramos
nunca
sola,
tal vez
sentía
que el
“hermoso
día” era
cercano.
El
médico
tratante
le
suministró
de nuevo
penicilina,
la que
hizo
desaparecer
completamente
la
fiebre,
pero
dejándola
con gran
sufrimiento.
El
tiempo
pasaba
sin
ninguna
mejoría,
no
obstante
todos
los
cuidados.
Recibió
por
segunda
vez el
sacramento
de la
Unción
de los
enfermos,
como
ella
misma lo
había
pedido,
que le
dio una
gran
fuerza
espiritual. |
| |
|
|
|
El primero de año de
1950, el médico la
encontró con una
leve mejoría, pero
ella decía que no la
sentía. Los últimos
dos días sufrió
muchísimo. Buscaba
un poco de alivio,
pero no lo
encontraba. Pasó las
dos últimas noches
recostada en una
silla de reposo,
porque le parecía
que respiraba mejor.
La última noche,
gimiendo y buscando
de descansar un
poco, mandó a llamar
a una Hermana para
que fuera a la
Capilla a rezar y
encender una vela a
la Virgen. En
esta última noche
nos habló del voto
que había hecho de
ofrecer su vida por
la Congregación.
Pidió también agua
bendita, porque
decía que el diablo
estaba ahí
haciéndola sufrir y
no quería dejarla
morir. En la
madrugada, hacia las
cuatro, pidió con
insistencia la
presencia del
sacerdote, para que
le diese una
bendición especial. |
| |
|
Vino un
sacerdote
paulino
[1],
y hacia
las
cinco la
Hna. M.
Rosaria
entró en
agonía,
sin
embargo
continuaba
acompañando
la
oración
con el
movimiento
de los
labios.
Finalmente
el Padre
le dijo:
“Voy a
la
Capilla
a
celebrar
la Misa
por
Usted,
acompáñeme
con el
pensamiento”.
Hizo una
señal de
asentimiento;
asimismo
renovó
los
votos.
Besó
muchas
veces el
crucifijo,
y
mientras
el
sacerdote
terminaba
de
celebrar
el
sacrificio
Eucarístico,
Jesús
aceptaba
del
mismo
modo el
sacrificio
de su
esposa,
Madre M.
Rosaria.
Eran las
siete de
la
mañana.
El Padre
tuvo el
tiempo
para
darle la
bendición
papal, y
con- |
cederle
las
indulgencias
para los
moribundos;
y ella
expiró
en el
beso del
Señor.
Tuvo una
muerte
envidiable,
calma y
serena.
Su
rostro
permaneció
con una
sonrisa.
Sufrió
mucho,
aceptando
todo de
las
manos de
Dios con
coraje y
fortaleza
de
ánimo,
dejándonos
un gran
ejemplo.
Ella
ciertamente
intercederá
por
nosotras
y por
todas
las
necesidades
de la
Congregación.
Nos
decía
siempre
que aquí
no podía
ayudarnos,
pero que
cuando
se
hubiese
encontrado
en el
Paraíso,
le
habría
hablado
a Jesús
de las
Pastorcitas.” |
| |
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|
La noticia de su
muerte fue
comunicada con un
telegrama al
Fundador, que
escribió de ella:
“De esta Hermana
he sentido siempre
solamente elogios
por su espíritu
recto, su
observancia
religiosa, su piedad
profunda y
verdadera. Su
paciencia en medio
de tanto
sufrimiento, su
corazón de verdadera
Pastorcita, su
sentido práctico son
bien conocidos por
todas las
Pastorcitas: Un alma
que pertenecía
toda a Dios y
fue purificada de
muchas penas; pienso
que ahora es la
celestial protectora
de las Hermanas
Pastorcitas. Desde
el cielo hará por
ustedes más y mejor
que sobre la
tierra.”
[2]
En noviembre de
1949, la Hna. M.
Rosaria había
escrito a su hermana
Gemma, también ella
Pastorcita: “Rezo
siempre por ti, y tú
recuérdame en tus
oraciones para que
sea siempre generosa
con el Señor, y le
diga siempre Sí
en cualquier cosa
que me mande. Pocos
minutos de Paraíso
serán suficientes
para pagar cualquier
sufrimiento que se
haya padecido en
esta tierra.”
El Buen Pastor no
sólo le ha dado la
alegría de su
presencia en el
Paraíso, sino que
también ha acogido
su voto, porque
después de su muerte
regaló muchas
vocaciones a nuestra
Congregación, sea en
Italia como en
Brasil.
“La verdad
manifestada es el
amor, el amor
realizado es la
belleza”,
así se expresa
felizmente Pavel
Florenskji, teólogo
ruso del
Novecientos.
Nosotras lo
experimentamos
también en la vida,
breve e intensa, de
nuestra Hermana M.
Rosaria Nazzari, que
ha realizado el Amor
entregándonos el
testimonio de la
belleza de la
santidad pastoral.
Hna. Giuseppina
Alberghina, sjbp
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Archivo |
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Hna. Elizabet
Franchi |
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